sábado, 13 de junio de 2015



Una dama y un caballero, cada uno por su lado, pedían al Señor la oportunidad de hacerle una petición. La dama le pidió que por favor les quitara a las mujeres ese desagradable olor vaginal.
-Caramba mija- le respondió el señor- tú mandas cáscara. Si es así y mira todo lo que le hacen ¡Qué tal si le pongo aroma!
De igual manera el caballero tuvo la ocasión de hablar con Él y hacerle su solicitud: que, por favor, le diera al hombre un tercer ojo. Pero no como el de los lamas tibetanos, sino un ojo en la punta del dedo índice, o sea, un ojito.
-Eso- contestó el Señor- sería una reforma que revolucionaría toda la humanidad ¿Estás hablando por ti solo o eres vocero de los hombres?
El tipo pensó muy bien antes de contestar.
-Por mí solo. Es que lo he analizado muy bien y sé que eso sería muy práctico y nos beneficiaría mucho.
-Bueno, en ese caso regresa y consulta con cada persona en cada profesión u oficio, para ver qué opinan. Cuando hayas recopilado toda esa información regresa y veremos que se hace.

Desde ese momento el tipo se entregó totalmente a entrevistar a cuanta persona se topaba con él: empleados, artesanos, obreros, técnicos, comerciantes, profesionales, artistas, etc. Y por supuesto, empezó por él mismo puesto que no tenía ningún arte u oficio conocido, vivía del rebusque en lo que fuera.
¿Qué beneficios reportaría al hombre tener un tercer ojo en el dedo índice?

Analizó algunos ejemplos:
- Las personas obesas y/o barrigones, que no se pueden agachar, sencillamente se inclinan un poco y meten la mano con el dedo extendido debajo de la cama y así saber si los zapatos perdidos están ahí.
- Las personas bajitas sencillamente alzan el brazo y averiguan si lo que buscaban está encima del escaparate o no.
- Si el novio visita a la chica, la suegra se puede sentar confiadamente en la terraza y chequearlos con solo poner la mano en los bolillos de la ventana.
- Los adolescentes podrían extirparse las espinillas más cómodamente sin estar pegados al espejo.
- Si nos rasca en la espalda podemos llegar con precisión al lugar afectado.
- Sacar los piojos y liendres sería muy sencillo, sobre todo los panchos, sin que nadie se dé cuenta.
- El hombre se podría afeitar en cualquier lugar sin necesidad de espejo.
- También se podría motilar él mismo.
- Las señoras pueden hacer los oficios con una mano mientras extiende la otra y ven las telenovelas.
- El patrón podría ir a la cocina, simular que está tomando agua mientras la muchacha del servicio mantiene su mano en el marco de la puerta y vigilar si la patrona viene.
Lo mismo es válido para las secretarias.
- Si una persona va por una calle sola, podría darse cuenta si la están siguiendo sin necesidad de voltearse.
- Si usted está viendo el partido por TV y su esposa lo interrumpe, solo extiende la mano y la señala con el dedo. Así no se pierde detalle alguno.

Los deportistas.
- En algunos deportes el tiempo es extremadamente corto. Para un atleta que compite en los cien metros planos, podría ser fatal perder tiempo mirando hacia atrás. Le bastaría con girar el dedo.
- Lo mismo es válido para un ciclista.
- Más importante sería para un nadador, porque cuando saque la mano puede ver qué distancia le falta por recorrer.
- Cuando juguemos cartas o dominós, podríamos estirar los brazos en actitud de pereza y echar un ojo al juego del contrario.
- El ajedrez sería más entretenido, pues mientras el contrincante piensa, uno también puede seguir la jugada al tiempo que ve televisión o lee un libro.

Los maestros
- El maestro podría escribir en el tablero y chequear con el dedo quién es el alumno que acostumbra lanzarle papelitos y cosas.
- Cuando el maestro esté en su escritorio pasando notas, puede controlar la disciplina con un dedo.
- El alumno ya no tendría necesidad de voltear para donde el compañero en un examen, bastaría con estirar el brazo.
- Las chicas que acostumbran anotarse las respuestas entre los muslos, podrían abrir un poco las piernas y el chico de al lado estirar el brazo y leerle hasta el punto y la coma.

Los médicos.
- El odontólogo no tendría que acercar su nariz a la boca del paciente y tragarse tan ácidas emanaciones revisándole la dentadura, simplemente le metería el dedo en la boca; sin que esto quiera decir que el paciente es un bobo.
- Lo mismo sucedería con los bacteriólogos cuando manipulan las muestras de orina y heces.
- Para el otorrino sería una herramienta de primerísima necesidad revisando oídos, ojos y cuerdas bucales. Se ahorraría la plata de las pilitas de la lámpara.
- Para ginecólogos y obstetras sería una grata herramienta, pues además de tocar, podrían ver el feto y de paso acabarían con las costosas ecografías.
- Se daría un gran paso en la lucha contra el cáncer. En dichas ligas los oncólogos serían dichosos dando oportunos diagnósticos, ya que además de tocar, podrían ver la próstata. Además, ahorrarían vaselina.

Oficios varios
- Algunas empresas gastan grandes sumas en sofisticados equipos de escanografía, cuyos monitores muestran los objetos que llevan los empleados en sus bolsos. Pero utilizan un vigilante para operar el escáner. Ese mismo empleado podría meter su dedo en el bolso y hacer el mismo trabajo.
- Las mujeres manipularían el cierre del vestido con mayor comodidad, así como los dichosos ganchitos del brasier.
- Tampoco perderían tiempo rebuscando la plata o el celular en el bolso.
- Algunos hombres sufren mucho porque sus ecológicas barrigas hace tiempo que no les permiten ver al narizón. Pues con ese dedo serían felices dándose los tres golpes.
- Un pianista en concierto vería constantemente a su audiencia y el dedo leería la partitura.
- Cuando estemos conciliando el sueño, en vez de rascarnos donde sabemos, podríamos revisar esas partes cuidadosamente.
- El conductor de un vehículo en vez de apartar la vista del frente, giraría el dedo hacia atrás y sabría si hace o no la maniobra.
- El mecánico en vez de acostarse sobre el piso debajo del carro, solo metería el brazo y vería el desperfecto.
- Ensartar una aguja de coser sería más fácil y rápido.
- Por último, siempre ganaríamos en el juego de la lotería o el siglo.

Cuando el caballero terminó su trabajo, es decir, sus averiguaciones, solicitó nuevamente la atención del Señor, y cosa curiosa... ¡le contestó enseguida!
- ¡Hola, Fuancho!- así se llamaba el caballero- veo que hiciste tu tarea pronto.
-Sí Señor. Aquí tiene los resultados- El señor los recibió, les echó una ojeada y dijo:
-¡Caramba Fuancho! Se ve que fuiste muy diligente, pero ¿te has puesto a pensar que algunos trabajos y acciones manuales les dañarían ese ojo y hasta podrían perder la mano?
¿Qué tal que la costurera se lo puye? ¿Y si el zapatero se da un martillazo? ¿Qué tal que exprimiendo limón para el bocachico te caiga un chorro? Se te puede infectar recogiendo la basura o si se te rompe el papel higiénico, o por saludar a alguien. Ustedes son muy necios en cuestiones de sexo ¿Qué tal que te pringuen por ahí? Definitivamente eso sería un inconveniente y para poder obtener ese cambio tendría que quitarles algo en contra-prestación, por ejemplo, disminuirles el apetito sexual…
-¡Está bien Señor! Déjanos como estamos, por favor- dijo Fuancho apresuradamente y “arrancó”.
-¡Pero Fuancho, espera…!

Fin
PD: favor dejar su comentario.